20 diciembre 2011

El 'milagro' de Avellaneda

Existen hechos en la vida que a priori no pueden ser explicados por el sentido común o que pueden hacer pensar que son resultado de la influencia de una fuerza sobrenatural. Estos sucesos los encontramos en el mundo del fútbol de vez en cuando, siendo hitos difíciles de presenciar. Uno de estos 'milagros' futboleros se produjo hace ahora casi 39 años en Buenos Aires, en el estadio Libertadores de América, propiedad del CA Independiente de Avellaneda.

Eduardo Andrés Maglioni fue un delantero que jugó en CA Rosario Central, CA Sarmiento de Resitencia, CA independiente de Avellaneda y CA Huracán. Le daba a la pelota con ambas piernas y se caracterizaba por ser un auténtico especialista del área. Era el típico 'cazagoles-rematador', el prototipo del delantero centro de siempre, y que parece estar desapareciendo en la actualidad. Aquel 18 de marzo de 1973, el jugador no era del todo consciente de lo que había logrado cuando se encontraba en el vestuario de Independiente, aplicándose hielo sobre su pierna izquierda. Tuvo que pedir el cambio a mitad del segundo tiempo, cuando no podía más.

Era la tercera jornada del Torneo Metropolitano, e Independiente ganaba 4-0 a Gimnasia y Esgrima de la Plata. El primer tiempo finalizó con la mínima diferencia a favor del conjunto local, gracias a un gol del uruguayo Ricardo Pavoni. Tras el descanso, Maglioni consiguió un récord todavía no igualado a fecha de hoy, y que probablemente, figurará en los anales de la historia del fútbol por muchísimos años más. Aquélla tarde los dioses futbolísticos se fijaron en él, lo iluminaron, y decidieron guiarle hasta la gloria. Y lo mismo a los afortunados que pudieron presenciar en 'la doble visera' lo que allí sucedió.

Entre los minutos 4 y 6 del segundo tiempo, concretamente en un intervalo de 1 minuto y 51 segundos, Maglioni consiguió un hat-trick, tres goles en un abrir y cerrar de ojos, casi sin respirar. El primero, con un pase de su compañero Semenewicz que le llegó un poco atrasado pero que supo revolverse y mandarlo al segundo palo, cuando su intención era enviarlo al primero, según él mismo reconoce con franqueza. A continuación vino el saque de centro de Gimnasia y Esgrima. Los puntas de Independiente tenían ensayada la ilegalidad de salir en dirección al campo contrario un momento antes de ponerse el balón en juego. Y así cayó el segundo. Ricardo Pavoni robó el balón al receptor del saque, Pignani. Maglioni en plena carrera hacia el marco contrario levantó su brazo pidiendo el balón. Cuando lo recibió de Pavoni había ganado la espalda a la defensa y sólo ante el meta Gurruciaga fusiló el segundo. El tercero siguió el mismo esquema, pero esta vez fue su compañero Montero-Castillo quien robó e inició la jugada. Aquí Eduardo acompañaba la jugada en posición de interior derecho. Aquél amagaba el pase a su compañero y la escondía, hasta llegar al semicírculo del área grande donde fue trabado por Gotfrit, central de Gimnasia, con la suerte para Eduardo de quedarle el balón franco para el disparo. Le pegó con el alma y logró lo increíble. Como era de esperar la locura se desató en la grada ante la desesperación de 'Los Triperos'.

En el mundo del fútbol existen y existirán siempre records que superar, pero volver a tener noticia en el ámbito profesional de un hito como el descrito en esta crónica, lo intuyo imposible. El japonés Masashi Nakayama posee el récord del hat-trick más rápido de la historia a nivel internacional, cuando anotó con Japón tres goles a Brunei en 3 minutos y 3 segundos. Le sigue Willie Hall, futbolista inglés que en 1938 marcó a Irlanda tres goles en 3 minutos y medio. Increíbles ambos, pero necesitaron el 'doble de tiempo' que nuestro protagonista.

A pesar de nuestra historia de hoy, Maglioni no es un mito de Independiente como lo son Arsenio Erico, Ricardo Bochini o Daniel Bertoni, pero siempre será querido y admirado. De lo que no hay duda es que es historia viva de 'El Rojo', incluso existe una peña con su nombre que lo recuerda, y periodistas de todo el mundo que le llaman cada 18 de marzo para revivir con él su 'milagrosa' hazaña.

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